ORACIÓN DE LA MAÑANA (3º A 6º EP) - 10 DE JUNIO DE 2026

¡Buenos días! 

Nos serenamos, hacemos silencio por dentro y por fuera, no permitas que nada ni nadie te distraiga en este momento tan importante. 

Vamos dejando nuestro cuerpo cada vez más quieto. Nos sentamos correctamente, nuestra espalda recta, los pies tocando el suelo, enraizados con nuestro planeta que es regalo de Dios. 

Cerramos nuestros ojos, y ponemos toda nuestra atención en la respiración… Cogemos aire, lo soltamos despacito… (3 veces) 

Cae en la cuenta de que Dios está contigo, escuchando lo que hoy le quieres decir y esperando que también lo escuches a Él. 

Y ahora, que nos encontramos tranquilos y serenos, podemos comenzar nuestra oración de la mañana: 

EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO… 

 

Comenzamos la mañana escuchando este cuento, que se titula: La mona y la nuez.

     Había una vez una mona muy curiosa que vivía en la selva y pasaba el día saltando de rama en rama, explorando cada rincón y buscando cosas nuevas que descubrir.

     Una mañana, mientras jugaba entre los árboles, vio un hermoso nogal cargado de nueces. Entonces, cogió una nuez entre sus manos, la observó con cuidado y le dio un pequeño mordisco a la cáscara, pero la cáscara era dura y amarga.
     La mona hizo una mueca y exclamó:
     —¡Qué mala está esta nuez!
     Sin pensarlo dos veces, la lanzó al suelo y siguió su camino.
     Un viejo loro que había visto todo desde una rama cercana le dijo:
     —Mona, ¿por qué has tirado la nuez?
     —Porque estaba amarga y no me gustó nada —respondió ella.
     El loro sonrió y le explicó:
     —Solo has probado la cáscara. Dentro se esconde un fruto delicioso.
     La mona se quedó pensando. Entonces buscó otra nuez, la abrió con cuidado y descubrió que el loro tenía razón: el fruto que había dentro era rico.

 

     A veces nos pasa como a la mona, comenzamos algo como aprender a tocar un instrumento, a bailar, a dibujar, a escribir o leer,… y cuando se nos da mal abandonamos a la primera de cambio. Entonces no podemos saborear los frutos del esfuerzo. A veces, hace falta paciencia para descubrir las cosas.

 

Piensa un momento si hay alguna cosa que hayas dejado a medias, que era difícil y abandonaste.

 

     Pon los ojos en María. Ella no abandonó porque fuera difícil su tarea como Madre de Dios. Hoy le pedimos que sepamos ser como Ella y no abandonar ante las primeras dificultades.

 

Terminamos la oración rezando juntos a María: DIOS TE SALVE MARÍA…

Beato Marcelo Spínola, acompáñanos en nuestro caminar.

María, Virgen de Loreto, llévanos a Jesús.

EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO… 

 


 


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