¿DÓNDE ESTÁ DIOS?
© Álvaro GINEL sdb
INTRODUCCIÓN
En estos momentos, la pregunta, “¿Dónde está Dios?” se la hacen muchas personas: ateos, agnósticos, indiferentes, creyentes de todas las religiones, hombres y mujeres, jóvenes y mayores. Es una pregunta de “temporada”, como hay frutas de temporada, así hay preguntas de temporada. Ahora es la “temporada” de la pandemia generalizada. Es normal que la persona racional se pregunte y que se pregunte últimamente.
En los salmos, la pregunta “¿Dónde está tu Dios?”, la plantean los no creyentes al creyente: “Las lágrimas son mi pan día y noche, mientras todo el día me repiten: “¿Dónde está tu Dios?” [Sal 42(41),4] Y el creyente, ante la pregunta, recuerda otros tiempos y espera la misericordia del Señor. No se mueve de su fe. En el salmo 115(113B), 1-3, el creyente dice: No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria, por tu bondad, por tu lealtad. ¿Por qué han de decir las naciones: <<¿Dónde está su Dios?>>. Nuestro Dios está en el cielo, lo que quiere lo hace”. De nuevo son los no creyentes los que hacen la pregunta que ahora el creyente incorpora a su oración y sigue confiando en Dios: “Israel confía en el Señor, él es su auxilio y su escudo” (v. 9).
En el Nuevo Testamento, la pregunta más cruel y fuerte la plantean en el momento de la cruz: a) los que pasaban y meneaban la cabeza: “Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz” (Mt 27,39-40). b) Lo mismo los sumos sacerdotes y los escribascuando Jesús está clavado en la cruz: <<A otros ha salvado y él no puede salvarse. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo “Yo soy Hijo de Dios”>> (Mt 27, 42-43).
El creyente de hoy, como el de ayer, se hace la pregunta o la escucha a su lado. No responde con una tesis de doctorado, sino con una confianza de creyente, reconociendo, como siempre lo hizo el creyente padre de los creyentes, Abrahán, confiando, creyendo que Dios tiene un plan, y una salida (Gén 22). El creyente bautizado, que ha dado libre acogida a Dios y ha puesto su confianza en el Padre de nuestro Señor Jesucristo, encarnado y nacido de mujer (Lc 2,1-7), y acampado entre nosotros (Jn 1,14) no solo sabe que Dios está en el cielo y lo que quiere lo hace, sino que confiesa que Dios está cercano, en el hermano que sufre, como el samaritano tendido (Lc 10,25-37), y que lo que hacemos a alguien, se lo hacemos a Dios mismo (Mt 25). El creyente en Jesús, para ver a Dios, no mira a lo alto, sino en horizontal. Dios está donde están los pobres: “A estos siempre los tendréis con vosotros” (Jn 12,8). Por eso, el creyente de hoy, al mismo tiempo que llora al ver el dolor, las lágrimas, la impotencia y contingencia del ser humano, levanta su voz y grita: “¡Mira donde está Dios! ¡Es que no ves que Dios está actuando en tantas manos que acarician y libran del mal!”. “¡No ves cuánta novedad está despertando Dios y su Espíritu en estos momentos!”.
En este contexto se inscriben las catequesis que siguen, dirigidas a repensar la fe en Jesús, comenzando por los adultos, en tiempos “malos”.
Quedan muchos matices por añadir e invito a los miembros de AECA a hacerlo, a sumar más y más luz para robustecer la fe de los creyentes.


