Jueves, 7 de abril de 2022- Oración ESO y Bachillerato
Empezamos nuestra oración haciendo silencio por dentro y por fuera, que nada ni nadie nos distraiga en este momento tan importante.
Vamos dejando nuestro cuerpo cada vez más quieto. Nos sentamos correctamente, nuestra espalda recta, los pies tocando el suelo, enraizados con nuestro planeta que es regalo de Dios.
Cerramos nuestros ojos, y ponemos toda nuestra atención en la respiración… Cogemos aire, lo soltamos despacito… (3 veces)
Ahora, que nos encontramos tranquilos y serenos, podemos comenzar nuestra oración de la mañana:
EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO…
Y terminamos esta semana
acercándonos a un personaje que se abrió al amor, desde el principio, y supo permanecer, estar siempre, y hasta el final, acompañando también el sufrimiento: MARÍA, LA MADRE. Escucha esta frase
sencilla que nos dice el evangelista Juan:
Junto a la cruz de Jesús
estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena.
María, pese a su dolor, no se va,
no busca refugio. María, aunque no puede hacer nada, está y acompaña a Jesús. Seguro que también tú has sentido alguna vez la compañía de un
amigo, de alguien de tu familia, que, aunque no pudiese hacer nada para quitar
tu tristeza o tu dolor, te acompañaba, estaba junto a ti en silencio, y
eso te aliviaba. A eso estamos llamados, a acompañar el sufrimiento de tanta
gente: sin traicionar por decepción, sin negar por miedo, sin lavarnos las
manos para quitarnos la responsabilidad... Estamos llamados a acompañar, a estar,
a no dejar solos a los que sufren. Dile al Señor quiénes son los que hoy
sufren, los que hoy siguen siendo crucificados en soledad, injustamente.
Pregúntale en silencio, desde el fondo de tu corazón, cómo puedes tú acompañar
a esas personas, esas situaciones (Silencio).
Y María que guardaba todas las cosas en su corazón, seguramente recordó en aquellos momentos que su hijo era el Salvador y que Dios no abandona a los que se apoyan en Él, y sin saber cómo en medio del dolor, en su corazón habría un rayo de esperanza y la certeza de que la muerte nunca tiene la última palabra y, desde ahí, ella fue capaz de sostener a otros en el dolor (Silencio).
Te pedimos, Señor, que sepamos
acercarnos a todos esos crucificados de nuestro mundo, en los que Tú, Jesús, sigues muriendo. Te pedimos que esta Semana Santa que vamos a vivir nos ayude a
comprender, un poquito más, tu forma de amar, Tu modo de entregarte, para que
también nosotros sigamos su ejemplo. Y que María, tu madre, nos enseñe a permanecer y buscar Tu esperanza y Tu vida en nuestro corazón… Se lo pedimos rezando: "Dios te salve, María..."
EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO…



