Lunes, 4 de abril de 2022- Oración ESO y Bachillerato
Empezamos nuestra oración haciendo silencio por dentro y por fuera, que nada ni nadie nos distraiga en este momento tan importante.
Vamos dejando nuestro cuerpo cada vez más quieto. Nos sentamos correctamente, nuestra espalda recta, los pies tocando el suelo, enraizados con nuestro planeta que es regalo de Dios.
Cerramos nuestros ojos, y ponemos toda nuestra atención en la respiración… Cogemos aire, lo soltamos despacito… (3 veces)
Ahora, que nos encontramos tranquilos y serenos, podemos comenzar nuestra oración de la mañana:
EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO…
Iniciamos la última semana de Cuaresma que vamos a vivir en el colegio este año y durante estos días nos vamos a acercar a la CRUZ desde lo más humano, desde las personas que vivieron aquel acontecimiento real e histórico que de algún modo continúa sucediendo en nuestro mundo. Para recordárnoslo, pondremos en el corcho de clase la cruz.
Hablaremos de personas, de carne y hueso que fueron testigos y, a veces, causantes o cómplices de la muerte de un inocente, personas como tú y como yo.
Hoy hablamos de JUDAS, EL TRAIDOR.
El que besó a Jesús y lo traicionó. El escogido por Cristo por amor para ser seguidor, compañero, apóstol de primera fila de Jesús. El que vio los milagros de Jesús y escuchó las palabras bondadosas y pacificadoras de Jesús y partió el pan de la mesa muchas veces con Jesús en la intimidad de un almuerzo.
Si nos acercamos un poco más a su historia quizás podemos preguntarnos: ¿Desde cuándo trama la traición? ¿Por qué llegó a este extremo? ¿Quién o qué le empujo a ello? ¿Qué ganó con la traición? ¿Por qué traicionarle con un beso?
No, no fue un tema económico, 30 monedas de plata son muy poco... Y no... no fue porque era así, mala gente, no... Judas no era peor ni mejor que los demás apóstoles, a la hora de ser elegido. Todos tenían sus zonas de luz y sus rincones oscuros.
¿Qué era lo que tanto detestaba Judas? ¡El amor! Judas no quiso abrirse al amor. Un amor que perdona, que hace el bien, que busca el bien, que no tiene en cuenta el mal, que vence el mal con el bien, que sabe darse sin medida a los demás, que nunca piensa en sí mismo, que está pendiente sólo del otro.
Tanto amor de Jesús le quemaba, le irritaba el corazón a Judas... le molestaba.
Judas llevaba esa herida abierta. Quién sabe por qué. Y esa herida le llevaba a alejarse de Jesús, a alejarse de los demás, a pensar sólo en su beneficio. Jesús quiso curar su herida terrible del corazón de Judas. Pero Judas se resistió.
Y creció en el corazón de Judas el odio, el resentimiento, el rencor... la desconfianza...
¿Conoces personas así, que no se creen el cariño de los demás, que responden de manera retorcida ante la bondad del otro, que no se creen y no soportan a quienes sencillamente se acercan con cariño? Personas que se defienden antes de que nadie les ataque, o que van por la vida desafiando a cualquiera para que no se note que también tienen problemas, heridas...
Quizás, a veces, te pasa, te defiendes del cariño de los demás... llamas tontos a los buenos, cobardes a los que no alimentan los conflictos, falsos a los que sonríen, y no te fías de los que parecen buenas personas...
Y va entrando en nosotros como en Judas, poco a poco, la amargura, la oscuridad de la noche... Alejándonos del amor, alejándonos de la paz...
Hoy te pedimos, Señor perdón por nuestras traiciones, perdón por defendernos del amor... sigue saliendo a nuestro encuentro, eligiéndonos, buscándonos, acercándote a nosotros para curar nuestras heridas.
Vamos dejando nuestro cuerpo cada vez más quieto. Nos sentamos correctamente, nuestra espalda recta, los pies tocando el suelo, enraizados con nuestro planeta que es regalo de Dios.
Cerramos nuestros ojos, y ponemos toda nuestra atención en la respiración… Cogemos aire, lo soltamos despacito… (3 veces)
Ahora, que nos encontramos tranquilos y serenos, podemos comenzar nuestra oración de la mañana:
EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO…
Iniciamos la última semana de Cuaresma que vamos a vivir en el colegio este año y durante estos días nos vamos a acercar a la CRUZ desde lo más humano, desde las personas que vivieron aquel acontecimiento real e histórico que de algún modo continúa sucediendo en nuestro mundo. Para recordárnoslo, pondremos en el corcho de clase la cruz.
Hablaremos de personas, de carne y hueso que fueron testigos y, a veces, causantes o cómplices de la muerte de un inocente, personas como tú y como yo.
Hoy hablamos de JUDAS, EL TRAIDOR.
El que besó a Jesús y lo traicionó. El escogido por Cristo por amor para ser seguidor, compañero, apóstol de primera fila de Jesús. El que vio los milagros de Jesús y escuchó las palabras bondadosas y pacificadoras de Jesús y partió el pan de la mesa muchas veces con Jesús en la intimidad de un almuerzo.
Si nos acercamos un poco más a su historia quizás podemos preguntarnos: ¿Desde cuándo trama la traición? ¿Por qué llegó a este extremo? ¿Quién o qué le empujo a ello? ¿Qué ganó con la traición? ¿Por qué traicionarle con un beso?
No, no fue un tema económico, 30 monedas de plata son muy poco... Y no... no fue porque era así, mala gente, no... Judas no era peor ni mejor que los demás apóstoles, a la hora de ser elegido. Todos tenían sus zonas de luz y sus rincones oscuros.
¿Qué era lo que tanto detestaba Judas? ¡El amor! Judas no quiso abrirse al amor. Un amor que perdona, que hace el bien, que busca el bien, que no tiene en cuenta el mal, que vence el mal con el bien, que sabe darse sin medida a los demás, que nunca piensa en sí mismo, que está pendiente sólo del otro.
Tanto amor de Jesús le quemaba, le irritaba el corazón a Judas... le molestaba.
Judas llevaba esa herida abierta. Quién sabe por qué. Y esa herida le llevaba a alejarse de Jesús, a alejarse de los demás, a pensar sólo en su beneficio. Jesús quiso curar su herida terrible del corazón de Judas. Pero Judas se resistió.
Y creció en el corazón de Judas el odio, el resentimiento, el rencor... la desconfianza...
¿Conoces personas así, que no se creen el cariño de los demás, que responden de manera retorcida ante la bondad del otro, que no se creen y no soportan a quienes sencillamente se acercan con cariño? Personas que se defienden antes de que nadie les ataque, o que van por la vida desafiando a cualquiera para que no se note que también tienen problemas, heridas...
Y va entrando en nosotros como en Judas, poco a poco, la amargura, la oscuridad de la noche... Alejándonos del amor, alejándonos de la paz...
Hoy te pedimos, Señor perdón por nuestras traiciones, perdón por defendernos del amor... sigue saliendo a nuestro encuentro, eligiéndonos, buscándonos, acercándote a nosotros para curar nuestras heridas.
EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO…



