Martes, 26 de abril de 2022- Oración ESO y Bachillerato

Empezamos nuestra oración haciendo silencio por dentro y por fuera, que nada ni nadie nos distraiga en este momento tan importante.

Vamos dejando nuestro cuerpo cada vez más quieto. Nos sentamos correctamente, nuestra espalda recta, los pies tocando el suelo, enraizados con nuestro planeta que es regalo de Dios.

Cerramos nuestros ojos, y ponemos toda nuestra atención en la respiración… Cogemos aire, lo soltamos despacito… (3 veces)

EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO…

Vayamos a la otra orilla (Mc 4,35-40) Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: —Vamos a la otra orilla. Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte temporal y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. él estaba a popa, dormido sobre el cabezal. Lo despertaron diciéndole: —Maestro, ¿no te importa que nos hundamos? Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: —¡Silencio, cállate! El viento cesó y vino una gran calma. él les dijo: —¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe? Se quedaron espantados, y se decían unos a otros: — Pero, ¿quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen! 



En la otra orilla del lago Tiberíades está el territorio pagano de la Decápolis, con una cultura y creencias diferentes. En nuestro mundo actual y en nuestras sociedades plurales y diversas se nos presentan un amplio abanico de tradiciones, de sabores, de encrucijadas. De repente, se presenta una fuerte tempestad, olas que golpean la barca. Salir de nuestro interior, abrirse a lo desconocido, en ocasiones genera incertidumbre. Ante lo desconocido, las inclemencias del camino, suelen darse dos tendencias contrapuestas pero que en ocasiones se entremezclan, una es el miedo y otra la confianza. 

Vivir desde el miedo, nos provoca angustia, bloqueos y reprimendas. «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?». También hoy a la Iglesia y a nuestras sociedades nos invaden muchas veces el miedo a desinstalarnos, al fracaso, el miedo al futuro o a vivir como peregrinos y peregrinas. Es por esa razón, que no es extraño descubrirnos construyendo muros que nos separan, por miedo a que el agua llene nuestra barca y nos ahoguemos. 

«¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?». Estas dos preguntas que Jesús dirige a sus discípulos también son dos preguntas que el Señor nos dirige a cada una de nosotras y de nosotros. ¿Por qué vivimos muchas veces anclados en el miedo a la hora de enfrentar tiempos cruciales, y nos cuesta confiar en Jesús? ¿Acaso nos hemos creído tan fuertes y autosuficientes, que todo lo hacemos bien, que no necesitamos de Dios? ¿No es el miedo a hundirnos el que nos está bloqueando? ¿Por qué buscamos seguridad en lo conocido, y no escuchamos la llamada de Jesús a «pasar a la otra orilla» para sembrar humildemente su Buena Noticia en un mundo necesitado de acogida y hospitalidad con las personas que más lo necesitan, como las personas migrantes y refugiadas, en un mundo necesitado de esperanza?

Hoy te pedimos, Señor, que sepamos vivir desde lo que nos uno, desde lo que nos hace personas, seres humanos, que sepamos buscar en los demás eso que nos hace ser hermanos, porque construir así el mundo que Tú sueñas, sin desentendernos de nadie, también es resucitar.

EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO… 

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