ORACIÓN DE LA MAÑANA (3º A 6º EP) - 22 DE MAYO DE 2026

¡Buenos días! 

Nos serenamos, hacemos silencio por dentro y por fuera, no permitas que nada ni nadie te distraiga en este momento tan importante. 

Vamos dejando nuestro cuerpo cada vez más quieto. Nos sentamos correctamente, nuestra espalda recta, los pies tocando el suelo, enraizados con nuestro planeta que es regalo de Dios. 

Cerramos nuestros ojos, y ponemos toda nuestra atención en la respiración… Cogemos aire, lo soltamos despacito… (3 veces) 

Cae en la cuenta de que Dios está contigo, escuchando lo que hoy le quieres decir y esperando que también lo escuches a Él. 

Y ahora, que nos encontramos tranquilos y serenos, podemos comenzar nuestra oración de la mañana: 

EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO… 

 

Esta semana hablamos de María, Madre de la Paciencia. Hoy comenzamos la mañana con un cuento que se titula: “El árbol impaciente”.

     Había una vez un gran árbol conocido por todo el prado como Ami. Ami era un árbol muy bonito, pero siempre quería lucir unas hojas perfectas y muy verdes, así como unas hermosas flores rosas.  

     El granjero que lo cuidaba siempre le explicaba que no podía estar siempre lleno de flores. Le contaba que hay cuatro estaciones y que en cada una iría cambiando. En verano se secaría por el calor, en otoño se le caerían las hojas, en invierno pasaría mucho frío, pero cuando llegase la primavera… sería un gran árbol con hermosas flores.
     Pero a Ami, aquello no le convencía. Quería las flores ya. Se pasaba el día diciendo:
     “Granjeroooooooo, échame más agua que quiero mis flores ya”
     El granjero se lo volvía a explicar, pero el árbol era muy impaciente y no quería entender lo que le contaban.
     Cada día igual, cada día gritando y pidiendo agua y más agua. El granjero se enfadó y le dijo:
     “Muy bien. Si tú quieres te pondré agua cada vez que la pidas”. 
     Y así hizo. Al cabo de dos semanas, el árbol estaba más feo y triste que nunca.
     “Granjeroooooooo ¿Qué me pasa? No salen las flores y cada vez mis ramas están más caídas” Dijo el árbol.
     El granjero le explicó que tanto sol le había secado las hojas, y tanta agua le había estropeado las raíces. Le dijo que hay que ser pacientes, y que las cosas llegarán cuando tengan que llegar. Que no por querer correr, las cosas saldrán mejor.
     Así que, el árbol hizo caso a lo que le decía el granjero. Cuando llegó la primavera, Ami se convirtió en el árbol más frondoso y bonito de todo el prado.
 

     Como María, Virgen de la Paciencia, aprendamos a confiar y esperar con calma los tiempos de Dios. Igual que Ami quiso tener flores demasiado pronto y terminó triste, nosotros también debemos recordar que las cosas buenas llegan poco a poco. María nos enseña a tener paciencia, esperanza y un corazón tranquilo, porque cuando sabemos esperar y confiar, nuestro corazón florece hermoso como Ami en primavera.

     María, te pedimos que nos enseñes a esperar con paciencia y alegría, para florecer felices y dar lo mejor de nosotros, como Ami en primavera.

 

Terminamos la oración rezando juntos a María, Madre de la Paciencia: DIOS TE SALVE MARÍA…

Beato Marcelo Spínola, acompáñanos en nuestro caminar.
María, Virgen de Loreto, llévanos a Jesús.

EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO… 

 


 



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