ORACIÓN DE LA MAÑANA (ESO Y BTO) - 15 DE JUNIO DE 2026
¡Buenos días!
Empezamos nuestra oración haciendo silencio por dentro y por fuera, que nada ni nadie nos distraiga en este momento tan importante.
Vamos dejando nuestro cuerpo cada vez más quieto. Nos sentamos correctamente, nuestra espalda recta, los pies tocando el suelo, enraizados con nuestro planeta que es regalo de Dios.
Cerramos nuestros ojos, y ponemos toda nuestra atención en la respiración… Cogemos aire, lo soltamos despacito… (3 veces).
EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO…
Comenzamos la oración escuchando una oración dedicada a la paciencia de Jesús:
Fuiste paciente con tus discípulos cuando les costaba entender tus enseñanzas y, una y otra vez, les explicabas con cariño el camino del Reino de Dios.
Fuiste paciente con Pedro, que te prometió fidelidad y después te negó tres veces; sin embargo, no lo rechazaste, sino que le ofreciste tu perdón y una nueva oportunidad.
Fuiste paciente con la multitud que te seguía, escuchando sus necesidades, curando a los enfermos y dedicando tiempo a quienes buscaban tu ayuda.
Y en la cruz, incluso en medio del sufrimiento, mostraste una paciencia inmensa al perdonar a quienes te habían hecho daño.
Señor, enséñanos a esperar sin desesperarnos, a comprender a los demás cuando se equivocan y a no rendirnos cuando las cosas no salen como queremos.
Que aprendamos de Ti a vivir con serenidad, confianza y amor.
Amén.
Con esta oración queremos recordar que la paciencia no es simplemente esperar, sino saber hacerlo con confianza, esperanza y amor. Jesús nos enseña que las personas crecen poco a poco, que los errores pueden corregirse y que Dios actúa en cada momento, aunque a veces no lo veamos. Ser pacientes nos ayuda a comprender mejor a los demás, a afrontar las dificultades con serenidad y a confiar en que todo tiene su tiempo.
Y tú, ¿crees que siempre eres paciente con los demás o te puede la impaciencia?
¿Aguardas y das tiempo a los demás para que las cosas sucedan?
Te pedimos, Señor, que nos ayudes a ser pacientes, a fomentar la espera y a no apresurar todo en nuestra vida. Ayúdanos a volver a valorar el tiempo y la tranquilidad en este mundo que cada día vive más rápido.
Terminamos la oración EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO…
¡Feliz día!



