¡Buenos
días!
Nos
serenamos, hacemos silencio por dentro y por fuera, no permitas que nada ni
nadie te distraiga en este momento tan importante.
Vamos
dejando nuestro cuerpo cada vez más quieto. Nos sentamos correctamente, nuestra
espalda recta, los pies tocando el suelo, enraizados con nuestro planeta que es
regalo de Dios.
Cerramos
nuestros ojos, y ponemos toda nuestra atención en la respiración… Cogemos aire,
lo soltamos despacito… (3 veces)
Cae en la
cuenta de que Dios está contigo, escuchando lo que hoy le quieres decir y
esperando que también lo escuches a Él.
Y ahora,
que nos encontramos tranquilos y serenos, podemos comenzar nuestra oración de
la mañana:
EN EL
NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO…
Comenzamos la mañana escuchando
unos versículos del Evangelio según San Lucas:
Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los
encuentre en vela; en verdad os digo que los hará sentar a la mesa y,
acercándose, les irá sirviendo.
Y para entenderlos mejor, escuchamos
este cuento:
Había una
vez tres amigos que vivían en una casa muy bonita. Su trabajo era cuidar la
casa mientras el dueño, el señor Mateo, estaba en una fiesta muy importante.
Antes de
irse, el señor Mateo les dijo:
—Voy a
volver en cualquier momento. Quiero que me esperéis con la casa limpia, las
luces encendidas y todo preparado.
Los amigos
prometieron hacerlo. El primero dijo:
—¡Limpiaré
la casa y la dejaré reluciente!
El segundo
dijo:
—¡Yo
encenderé las lámparas para que todo esté iluminado cuando regrese!
El tercero
dijo:
—¡Y yo
estaré atento para abrirle la puerta en cuanto llame!
Pasó el
tiempo, y aunque era tarde, los tres lo esperaban con alegría.
Cuando el
señor Mateo volvió, se sorprendió al ver la casa tan cuidada. Sonrió y dijo:
—¡Qué
alegría me da veros así! Ahora descansad, que yo os voy a preparar la cena.
Así aprendieron los tres amigos que esperar con alegría y estar
preparados es la mejor forma de recibir a quien queremos. Jesús nos invita a
mantener encendida la luz de nuestro corazón con amor y buenas acciones,
esperándolo cada día.
Piensa un momento…
¿Cómo podemos ser como los tres
amigos del cuento en nuestra casa o en el colegio?
Jesús, ayúdanos a esperarte con amor y alegría, haciendo siempre el
bien.
Y terminamos la oración rezando
juntos: PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO…
Beato Marcelo
Spínola, acompáñanos en nuestro caminar.
María, Virgen
de Loreto, llévanos a Jesús.
EN EL
NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO…
¡Feliz
día!
