¡Buenos
días!
Nos
serenamos, hacemos silencio por dentro y por fuera, no permitas que nada ni
nadie te distraiga en este momento tan importante.
Vamos
dejando nuestro cuerpo cada vez más quieto. Nos sentamos correctamente, nuestra
espalda recta, los pies tocando el suelo, enraizados con nuestro planeta que es
regalo de Dios.
Cerramos
nuestros ojos, y ponemos toda nuestra atención en la respiración… Cogemos aire,
lo soltamos despacito… (3 veces)
Cae en la
cuenta de que Dios está contigo, escuchando lo que hoy le quieres decir y
esperando que también lo escuches a Él.
Y ahora,
que nos encontramos tranquilos y serenos, podemos comenzar nuestra oración de
la mañana:
EN EL
NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO…
Comenzamos
la mañana escuchando este cuento:
Había una vez una semillita muy pequeña
que un jardinero plantó en la tierra. La regó con agua y la calentó con los
rayitos del sol.
Poco a poco, la semillita creció hasta
convertirse en un árbol grande y hermoso. Pronto llegaron unos pajaritos que
hicieron sus nidos en sus ramas. ¡Qué feliz estaba el árbol al poder ayudar a
los demás!
Cerca de allí, una mujer preparaba pan.
Añadió un poquito de levadura a la harina y, poco a poco, la masa creció hasta
convertirse en un pan delicioso.
Jesús nos enseña que las cosas pequeñas
pueden hacer algo grande. Una sonrisa, un abrazo, compartir un juguete o ayudar
a un amigo son pequeñas semillas de amor.
¿Y
si hoy plantamos una semilla de amor en el corazón de alguien?
Jesús, te pedimos que nos ayudes a ver todo el cariño que recibimos cada
día. Enséñanos a compartir, ayudar y perdonar; así llenaremos nuestra clase y
nuestra familia de alegría, sonrisas y mucho amor
Terminamos la oración rezando
juntos DIOS TE SALVE MARÍA…
Beato Marcelo
Spínola, acompáñanos en nuestro caminar.
María, Virgen
de Loreto, llévanos a Jesús.
EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y
DEL ESPÍRITU SANTO…
¡Feliz
día!
