¡Buenos
días!
Nos
serenamos, hacemos silencio por dentro y por fuera, no permitas que nada ni
nadie te distraiga en este momento tan importante.
Vamos
dejando nuestro cuerpo cada vez más quieto. Nos sentamos correctamente, nuestra
espalda recta, los pies tocando el suelo, enraizados con nuestro planeta que es
regalo de Dios.
Cerramos
nuestros ojos, y ponemos toda nuestra atención en la respiración… Cogemos aire,
lo soltamos despacito… (3 veces)
Cae en la
cuenta de que Dios está contigo, escuchando lo que hoy le quieres decir y
esperando que también lo escuches a Él.
Y ahora,
que nos encontramos tranquilos y serenos, podemos comenzar nuestra oración de
la mañana:
EN EL
NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO…
Comenzamos
la mañana escuchando el cuento “Pedrito, el caracol y la babosa”.
Pedrito era un caracol pequeño que quería
encontrar un amigo. Después de caminar durante varios días, llegó a un huerto.
Allí, algunas babosas se rieron de su caparazón. Pedrito se puso triste y se
escondió en su casita.
Un día, después de llover, salió a buscar
un nuevo lugar. Por el camino encontró a una babosa que estaba asustada.
—No tengas miedo, soy un caracol —le dijo
Pedrito.
—Pensaba que llevabas una piedra encima
—respondió la babosa.
—No es una piedra, es mi caparazón. Es mi
casa y me protege de la lluvia y del frío.
—¡Qué suerte! ¡Yo también quisiera tener
una casita! —dijo la babosa.
Pedrito quiso ayudarla y juntos buscaron
un caparazón vacío. Pero uno era demasiado grande y otro demasiado pequeño. La
babosa se puso muy triste.
Entonces Pedrito tuvo una idea:
—¡Puedes compartir mi casita conmigo!
—¿De verdad? —preguntó la babosa.
—¡Claro! ¡Somos amigos!
Aquella noche, los dos durmieron juntos
dentro del caparazón de Pedrito, calentitos y protegidos. Y así comenzó una
bonita amistad.
En este cuento Pedrito nos enseña que compartir,
ayudar y cuidar a los demás nos hace buenos amigos.
Jesús también nos enseña a querer a todas
las personas. Jesús quiere que seamos buenos con los demás, que compartamos
nuestras cosas y que ayudemos a quien lo necesita. No importa si alguien es
diferente, si piensa de otra manera o si no sabe hacer las mismas cosas que
nosotros. Todos somos importantes para Jesús.
Como Pedrito, nosotros también podemos abrir
nuestro corazón, compartir y hacer que nadie se sienta solo.
Jesús, ayúdanos a querer a todos, a
compartir lo que tenemos y a ayudar a nuestros amigos.
Terminamos la oración rezando
juntos DIOS TE SALVE MARÍA…
Beato Marcelo
Spínola, acompáñanos en nuestro caminar.
María, Virgen
de Loreto, llévanos a Jesús.
EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y
DEL ESPÍRITU SANTO…
¡Feliz
día!