¡Buenos
días!
Nos
serenamos, hacemos silencio por dentro y por fuera, no permitas que nada ni
nadie te distraiga en este momento tan importante.
Vamos
dejando nuestro cuerpo cada vez más quieto. Nos sentamos correctamente, nuestra
espalda recta, los pies tocando el suelo, enraizados con nuestro planeta que es
regalo de Dios.
Cerramos
nuestros ojos, y ponemos toda nuestra atención en la respiración… Cogemos aire,
lo soltamos despacito… (3 veces)
Cae en la
cuenta de que Dios está contigo, escuchando lo que hoy le quieres decir y
esperando que también lo escuches a Él.
Y ahora,
que nos encontramos tranquilos y serenos, podemos comenzar nuestra oración de
la mañana:
EN EL
NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO…
En este camino
hacia la Pascua, comenzamos la oración de la mañana con la lectura de este
cuento que se titula “El puente”
Isabel y Marcos eran amigos desde que eran
pequeños. Siempre estaban juntos: jugaban, hacían los deberes, se contaban
secretos y se reían sin parar. Parecía que nada podría separarlos.
Pero un día ocurrió algo inesperado.
Marcos escuchó a otros compañeros decir que Isabel había hablado mal de él. Sin
preguntarle si era verdad, se enfadó mucho y decidió dejar de hablarle. Isabel,
al ver que su amigo la ignoraba sin explicación, se sintió triste y también se
alejó.
Pasaron los días…. Ninguno de los dos
quería dar el primer paso. El enfado se convirtió en orgullo, y cada uno
pensaba: “Si él/ella no viene, yo tampoco”.
Un día, el abuelo de Isabel la invitó a
dar un paseo por el campo. Mientras caminaban, le contó una historia:
—Había una vez dos hermanos que se
enfadaron tanto que construyeron un muro entre sus casas para no verse nunca
más. Pero un día, en lugar de seguir separados, decidieron construir un puente
para poder volver a encontrarse.
Isabel se quedó pensando en esa historia.
Entendió que ella también podía construir un “puente”.
Al día siguiente, con un poco de nervios,
escribió una nota y la dejó en la mochila de Marcos. La nota decía: “Hola,
¿podemos hablar?”
Cuando Marcos la leyó, sintió algo
especial. Se dio cuenta de que echaba mucho de menos a su amiga y de que quizá
había actuado demasiado rápido.
Ese mismo día, se encontraron en el
recreo. Al principio estaban un poco incómodos, pero poco a poco empezaron a
hablar. Descubrieron que todo había sido un malentendido.
—Lo siento —dijeron casi al mismo tiempo.
Y sin pensarlo más, se dieron un abrazo
fuerte, de esos que arreglan todo.
Desde ese día, Isabel y Marcos aprendieron
algo muy importante: el orgullo puede levantar muros, pero pedir perdón y
escuchar al otro construye puentes.
¿Alguna
vez te has sentido como Isabel o Marcos? ¿Qué pasó?
¿Por
qué crees que ninguno de los dos daba el primer paso?
¿Qué
pequeño gesto puedes hacer hoy para “construir un puente” con alguien?
Señor, en este tiempo de Cuaresma, te pedimos que nos enseñes a construir puentes que
nos acerquen a los demás.
Y terminamos la oración rezando
juntos: PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO…
Beato Marcelo
Spínola, acompáñanos en nuestro caminar.
María, Virgen
de Loreto, llévanos a Jesús.
EN EL
NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO…
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